Dejar de una vez por todas registro de mis diálogos internos… de mis eternas y poco elaboradas deducciones… de la absurda exactitud de mis augurios.
Complacer al taladrante susurro de la conciencia que exige dejar en alguna parte el legado de las experiencias, aunque sólo sirva para exorcizar mis propios demonios.
Expulsar de alguna forma ese fastidio intermitente con la ironía, y sacarme la bronca que me produce la más puta de sus hijas: la impotencia… Y creer, ingenuo, que eso compensará en algo el desbalance universal.
Intentar inútilmente burlar a algunos fantasmas, incinerando recuerdos obscuros que volverán a la mañana siguiente, a la sombra de imprudencias ajenas y maledicencias propias, itinerantes, testarudas, tatuadas en algún rincón obstinado de la memoria, porque las primeras son esquivas, y las segundas no se dejan adormecer… en una danza recíproca, latiente y sempiterna… Imposible…
Dosificar la relevancia de mis aciertos, y no ser tan duro con mis fallas. Cagarme de risa de mis carencias, de mis abundantes errores… Mandar a la mierda esa absurda exigencia personal por hacerlo todo perfectamente…
Desterrar la soberbia y darme cuenta de que debo enfrentar la voraz oposición de los mismos elementos ante los que combaten todos los hombres… porque vivo entre ellos…
Dejar de fijarme en insignificancias… Mandar la minuciosidad al diablo y dejarme guiar de una buena puta vez de ese «vale madre» que tanto predico para mis adentros, y que nunca ejercito en la realidad, porque las gentes y sus actos acaban importándome, siempre…
Mentirme un poco y convencerme de que todo marcha como debe hacerlo… Encontrar una pizca de tolerancia a esa entidad imperfecta y amorfa que los hombres llaman «normalidad»… sólo para maldecir más tarde el «devenir natural de las cosas», y darme cuenta de que si dejás los acontecimientos en manos de las circunstancias, éstas te joden, simple y llanamente… porque luego irrumpen otros, y la luna se oculta, y es Tarde… como lo ha sido siempre…
Hallarle un maldito punto de sutura a la ambivalencia… Alucinar con el Mundo, con los Elementos, con el Hombre… con el Arte… con la potencia infinita del Universo… Con esa exquisita capacidad humana de hacer del individuo un ente sublime y exacto, y de convertirlo, en la misma Generación, en la mierda más vil e inmunda, para luego reivindicarse en la siguiente, y así, en un ciclo de lucha, decadencia y Renacimiento, que se repite desde que pisó la Tierra… Pero que nunca es inútil, porque el hombre es perfecto…
Cuestionar, mordaz, la torpeza ajena, e ironizar aún más sobre la mía propia, para continuar creyendo ingenuamente que seré capaz de construir en algún momento ese furtivo y utópico punto de apoyo que me permita mover el Cielo y la Tierra, después de tantos intentos… Después de tanto embestir… Y trascender… quizás…
He dejado de creer en el futuro, y de estrellarme contra el Tiempo. El presente es demasiado corto.
Escribo para ser libre. El resto… no importa realmente. La pluma es mi pincel; aunque no siempre encuentro el color.
Sólo quiero pintar.
«Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus, singula dum capti cincumvectamur amore». Vergilius.
Sin comentarios aún
Ir al formulario de comentarios | Comentarios RSS [?] | trackback uri [?]